Despertar la mujer que eres

Autora: Aina Cortès – Terapeuta corporal integrativa

“Los seres humanos no nacen para siempre

el día que sus madres los alumbran,

 sino que la vida los obliga a parirse a sí mismos una y otra vez.”

Gabriel García Márquez

A medida que me sumerjo en conocerme como mujer, observo cómo más allá de todo lo que he ido aprendiendo, indagando, tomando consciencia y reparando en terapia sobre el carácter, la neurosis, la coraza… ocurre algo igual de profundo y condicionante que es el hecho de ser mujer en una sociedad enmarcada por el sistema patriarcal. En el proceso no me dejo de sorprender, conmover y apasionar.

Me voy dando cuenta de que una importante parte de mi dolor está relacionada con el lastre cultural que de manera inconsciente conllevo y tengo incorporado por el solo hecho de haber nacido mujer; cómo en mi herencia genética y cultural está impresa la historia contada y la no contada. De repente, poner luz a esta dimensión de mí que ha permanecido en la sombra durante toda mi vida está siendo revelador. Por un lado voy tomando consciencia de los corsés que me constriñen y por otro, estoy volviendo a conectar y reconocer la gran sabiduría, potencial y placer que alberga mi naturaleza.

Me pregunto cómo hubiera sido mi vida si mi familia, la escuela, el medio envolvente en que me crié y desarrollé, me hubiera invitado a seguir mi instinto de curiosear y experimentar con mi cuerpo, me hubiera transmitido que este es perfecto tal como es y no le falta nada, que precisamente es el que me indica lo que me hace bien y lo que no, que funciona en una unidad con mi mente, que las emociones e instintos son bienvenidos, que el placer es fuente de salud, que mi útero y mi vagina son lugares sagrados a cuidar y respetar, que no me hace falta negarme para ser amada, que puedo decir “no” y poner límites, que el sexo va muchísimo más allá del coito, que es liberador hablar de lo que me pasa y preguntar las dudas que tengo, que soy distinta del hombre pero no inferior, que mi cuerpo es cíclico como la naturaleza y cada fase tiene un gran potencial que es un regalo para mí y el mundo, que yo no tengo que satisfacer a nadie sino estar conectada conmigo misma y desde ahí compartirme y disfrutar con otra persona, que estar con otras mujeres no implica competir ni compararme sino aprender, nutrirme, crecer, amar y sanar.

Cómo hubiera sido mi vida si en vez de vivir mi sexualidad de mujer bajo el yugo de la ocultación y el pecado, hubiera compartido y celebrado mi primera menstruación, hubiera sido natural hablar del vínculo sexual y experimentarlo abiertamente conmigo misma y con otras personas. Si me hubieran contado todo lo que puede llegar a experimentar mi cuerpo, me hubieran acompañado en el tránsito de dejar de ser niña y pasar a ser joven y luego, mujer adulta.

Cómo hubiera sido sin la represión sexual que el patriarcado ejerce tanto en mujeres como en hombres sobre el cuerpo, el alma y la psique. Seguramente sería mucho más libre, espontánea, equilibrada; tendría herramientas para gestionar mi salud mental, emocional, física y espiritual. Sería capaz de escuchar mi cuerpo, mi necesidad, mi verdad. Me relacionaría sin tabús, expresando con naturalidad mi sexualidad y mi esencia. Probablemente viviría conectada al deseo, al placer, a la ternura, al cuidado, a la vida y podría ofrecer lo mismo al mundo.

 

Me alegra saber que no me lamento por lo que podría haber sido, porque sé que tengo la capacidad, a partir de aquí y ahora, de que esto sea posible. No niego que mis heridas están, mi estructura caracterial está, mi inconsciente programado de creencias limitantes también está y la sociedad sigue presionando para mantener el orden establecido. Pero mi cuerpo no ha olvidado lo que centenares de generaciones anteriores fue. Algo va cambiando en mi interior cada día con más fuerza a medida que me conozco como mujer. A medida que muevo y conecto con mi útero, a medida que conozco y siento mi cuerpo, a medida que redefino mi feminidad, a medida que observo cómo me transformo toda yo en cada fase del ciclo menstrual, a medida que expreso y comunico lo que necesito y deseo, a medida que comparto con mujeres incondicionalmente dispuestas a contarme sus experiencias, a medida que me permito sentir placer, a medida que conozco los arquetipos que me habitan, a medida que leo y comprendo la historia que me precede, a medida que renazco a mi esencia, a medida que afirmo que SOY MUJER,habito mi cuerpo, lo celebro y me responsabilizo de ello.

Este artículo, más allá de una reflexión, pretende ser una invitación, incluso una provocación para que tú también DESPIERTES A LA MUJER QUE ERES. Si algo de lo que comparto te suena y/o tu cuerpo te manda alguna señal, ya sea de excitación o de dolor, quizá sea un buen momento para aventurarte. Es mi deseo como mujer y terapeuta, compartir y acompañar a otras en este maravilloso camino.

La Dra. Christiane Northroup dice que “el proceso de sanación pasa por afirmar que somos seres preciosos y amables (dignas de ser amadas) permitiéndonos al mismo tiempo sentir el viejo dolor no sanado”. Creo que conocernos y sanarnos como mujeres no solo significa un regalo para nosotras mismas sino para las próximas generaciones y para los hombres que nos acompañan.  

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Aina Cortès inicia próximamente “Cicles COSdeDONA” en el Espai TCI de Barcelona, en el que ofrecerà talleres teórico-prácticos y vivenciales para mujeres. Un espacio acogedor para reencontrarse con el cuerpo trabajando la conexión y recuperación del útero, conociendo el potencial que alberga el ciclo menstrual y recuperando el Placer. Herramientas de TCI, gestalt, Creatividad y otras fuentes permitirán ir ablandando la coraza patriarcalizada, reprogramar el sistema de creencias que nos limita y dar a luz a nuestra verdadera naturaleza y esencia.

Pròximamente más información consultando la web del Espai TCI: www.espaitci.com

o escribir a: aina.cortes@yahoo.es

Vivitos y coleando

El equipo del Espai TCI

Autor: Oscar Fontrodona Terapeuta gestalt y corporal integrativo. Community Manager del Espai TCI

 

Aquí nos tienes, al equipo  del Espai TCI, recién llegados del stage consagrado a la Muerte (en la foto). Vivitos y coleando, comenzamos ciclo, una nueva etapa. Te abrimos, con la nueva web, la página del facebook, el canal YouTube y este blog que estás leyendo, la puerta a un espacio donde aprender juntos desde la perspectiva de la terapia corporal integrativa, TCI.

C de corporal

Mi cuerpo habla. Me dice, para empezar, cuáles son mis necesidades, las de verdad; no las que me han vendido y compré. A veces, son cosas que no quiero escuchar y que me cuesta aceptar. Y me dice cuándo no me estoy amando.

Soy cuerpo. Poder decir: “yo soy” ¿qué es, sino sentirme? Soy una experiencia corporal.

Todas las emociones son un movimiento somático, de tensión o de relajación, de apertura o contracción. Cada emoción habita, se siente y se expresa, en un lugar de mi cuerpo: la alegría, la pena… Como todos los niños de esta tribu tan moderna, yo también recibí la consigna inapelable de “controlarme” cuando lo que tocaba era expresar mi enfado. ¡Es inaceptable mostrarlo en público!, decían los adultos, que así lo creen. Se me acumuló la rabia reprimida en los maseteros; solo que de noche, en la oscuridad de los sueños, con el vigilante diurno durmiendo, me salía el enfado y me mordía y por las mañanas me despertaba sangrando y el dentista me recetó una férula… pero no hizo falta porque en la TCI me quité el bruxismo.

Mi cuerpo alberga mi memoria emocional, toda ella. Gracias a la TCI pude también recordar (y no con el coco) que de niño, vivía en el cuerpo. Hasta que un día “entendí” que aquella “desagradable” expresión de la rabia era inadecuada. Y la tristeza también. Y el miedo… Ya de adulto, tanto olvido y represión me pasaron factura. El precio de no permitirnos expresarnos, ni tan siquiera percibirnos, va de las contracturas y bloqueos segmentarios a las patologías más severas.

I de Integrativa

Pero bueno, ese camino ya te lo conoces: es el de la coraza muscular que tú y yo nos fabricamos como resultado de un error cultural: la disociación de cuerpo y mente. Me fragmento y por eso me cuesta vivirme como un todo. Claro que, si ni tan solo me puedo experimentar a mí como una unidad, ¿cómo voy a percibir o intuir siquiera la unidad del cosmos? El trabajo de un ser humano es olvidar para luego recuperar su esencia perdida, hacer luz de las sombras, y en la TCI pude vislumbrar que al espíritu se llega recuperando el cuerpo. Los cristianos hablan de la resurrección de la carne. Nosotros, en el stage de esta semana, hablábamos de muerte y renacimiento.

El Espai TCI es un lugar de formación y ayuda terapéutica. El espacio de una terapia “integrativa”, esto es, que tiene como fin nuestra integración, esa que fuimos perdiendo de frustración en frustración, en el traumático proceso de construcción de la coraza. Un día, cuando mi niño se resignó al fin a vivir en la mente, se imaginó con ella, como Pulgarcito, que las miguitas me permitirían regresar al hogar, ahí donde me sentía flotar en el río de la vida. Con la TCI descubrí que el camino de vuelta está en el cuerpo.

Bienvenido a este viaje.