¿Para qué conocerse a uno mismo?

Autor: Ferran Lugo Monforte Médico y psicoterapeuta.

Desde que el ser humano toma conciencia de su individualidad, de su separación de la naturaleza, aparece el interés por conocerse, por responder a la pregunta existencial de ¿Quién soy?

En épocas más actuales, el estudio de la psique humana nos permite hoy día tener un mapa más o menos aproximado de nuestra mente y entender que esa búsqueda de saber quiénes somos nos hace sentirnos con mayor libertad interna y satisfacción en la vida.

El trabajo de AUTOCONOCIMIENTO es un ejercicio voluntario que cada individuo se impone para llegar a la esperada paz interior, resultante de esa “aceptación” final, de saber quién soy.

Para ello, debemos ir conociendo y reconociendo todos los aspectos de los que está compuesto nuestro personaje principal, al que le llamamos EGO.

El Ego es el “caparazón” (psicoemocional y físico), con el que nos protegemos del entorno hostil (hostil por carecer de todo el amor que necesitamos) que encontramos en los primeros compases de nuestra existencia: concepción, vida embrionaria y primeros siete años de la infancia (momento en el que el niño o la niña completa todo su desarrollo neurológico).

Estos primeros años de vida son muy importantes en la construcción de nuestra personalidad-ego, ya que, al no tener la maduración neurológica completada, los niños y niñas fijan en su psique (mente, emoción y cuerpo) todas las experiencias de vida sin tener la capacidad de elegir y aceptar o rechazar lo que reciben del entorno (función madre, función padre, familiares, sociedad, cultura, etc.).

Como parece ser que todos disponemos de un ego, este es algo necesario e inherente a la propia vida.

Pero ya en la edad adulta, cuando ya disponemos de la experiencia y capacidad de poder elegir por nosotros mismos, nos empezamos a dar cuenta de que en nuestro ego-personalidad hay muchos aspectos, rasgos, que ya no nos sentimos en coherencia con nuestros propios criterios. Y comienza a hacernos sentir mal ser como somos.

Es entonces cuando comienza el tiempo de conocerse para desmontarse. Para desestructurar ese ego que fabricamos en la infancia, pero con el que ahora ya no deseamos continuar, ya que buscamos una autenticidad que percibimos se encuentra debajo de esas capas egoicas.

Saber cómo soy y cómo me muevo en mi mundo interno y en el exterior es imprescindible. Acometer todo un trabajo en profundidad conmigo mismo, por el que transitamos las sombras de nuestras partes ocultas, aquellas que no se aceptaron por un entorno condicionado y que ahora pugnan por emerger y hacerse conscientes. Nuestro mayor trabajo estará en darles el permiso interior para expresarse y ser, sabiendo que su aceptación y validación es la nuestra.

Dar conciencia a esas partes reprimidas e inconscientes nos permite acercarnos al ser esencial que somos. Pero para ello nos hemos de despojar de muchas “capas” adquiridas durante la vida.

Creo totalmente que el trabajo sobre sí mismo es una necesidad individual y comunitaria que emerge como un volcán, ya que el ser humano está en peligro de extinción. Y solo (en mi opinión) el mismo ser humano puede evitarlo.

Por eso, el trabajo de conciencia es el medio apropiado para llegar a conocernos y volver a sentir que somos parte integrada con la Madre Tierra.

El llamado “despertar” (que es lo mismo que limpiar y abrir los sentidos) consiste en reconocernos seres humanos finitos, con una misión común como especie: la supervivencia y el amor en su expresión máxima en la entrega a la trascendencia.

 

Actualizar las relaciones desde la escucha corporal

 

Autora: María Saura, Terapeuta gestalt y corporal integrativa

Decido escribir sobre las relaciones y los vínculos como uno de los asuntos sobre los que trabajo en mis sesiones. En concreto, crear el espacio para actualizar cómo es la relación ahora, más que seguir anclado en cómo fue o cómo me gustaría que fuese.

Para mí ha sido un proceso de aceptación y de soltar, de dejar de luchar por conseguir que las cosas vuelvan a ser como habían sido. La actualización en las relaciones me ha llevado a darme la oportunidad de escuchar lo que necesito en cada momento con las personas con las que siento vínculo.

En el trabajo con mis pacientes veo que tras esa aceptación y tras el duelo de lo que fue, surge una nueva relación más libre, con más escucha, con respeto, más descansada y menos automática.

Que las relaciones van cambiando es algo muy obvio y muchas veces no tan fácil de aceptar. Nos queremos seguir relacionando de la misma manera a pesar de que las necesidades van cambiando.

Las relaciones, del tipo que sea, se dan cuando dos personas se encuentran en un momento concreto y sienten que se nutren de la forma que necesitan. De forma natural esa relación se va transformando. A momentos se vuelve más íntima, más distante, conflictiva…

Muchas veces ese cambio nos cuesta aceptarlo, nos empeñamos en que el encuentro no cambie. Nos quedamos anclados a un modo fijo, sin dar la posibilidad de que ocurra esa transformación.

El trabajo de actualización desde la escucha corporal invita a ponerme delante de esa persona y actualizar cómo es mi relación con el otro en este momento. Me permite revisar qué necesito y cuál es la distancia a la que me quiero colocar… Despedirnos de lo que en un momento fue para poder revisar que me une a ti en este momento. Aceptar lo que hay entre nosotros, dando espacio a todas las emociones y sensaciones que se puedan dar en este proceso.

pareja camino

Como siempre, desde la mente nos fijamos a un patrón, que por definición es algo automático. Sin embargo, si dejo que mi escucha interna se amplíe, no hay duda de que va cambiando.

Pude descansar el día que tuve la certeza de que la relación va cambiando y el vínculo siempre permanece. Cuando se crea un vínculo con alguien desde lo amoroso, ese vínculo siempre está.

Me lo imagino como un hilo de lana que va de una persona a otra. Ese es el vínculo y siempre está más allá de que el modo vaya cambiando; a momentos está más largo, a momentos se enreda, a momentos uno tira más que el otro…

Invito habitualmente a ir actualizando las relaciones; a volverte a mirar a los ojos y ver cómo es nuestra relación ahora y qué necesitamos cada uno de nosotros. Nos ayuda a soltar lo antiguo para así tomar lo nuevo. Hace que la relación sea más real.

La alegría

Autor: Montse Coll i Avellana – Médico, psicoterapeuta gestalt y corporal integrativa

Quiero hablar de la alegría siguiendo un impulso muy claro que sentí al plantearme sobre qué quería escribir. Decido seguirlo fielmente, siendo consciente de que me representa una cierta dificultad. Lo encaro como un tema difícil, al menos para mí. No tengo duda de que tal impulso responde a una necesidad propia en este momento, y me permito hacerla extensible a muchas otras personas. Quiero señalar que no me lo propongo como un reto, sino más bien como una reflexión e incluso como una invocación. Como una llamada a las memorias olvidadas y a las alegrías escondidas o aletargadas.

La definición dice: «Sentimiento de placer producido normalmente por un suceso favorable que suele manifestarse con un buen estado de ánimo, la satisfacción y la tendencia a la risa o la sonrisa». Parece, tal como está expresado, que fuera un estado secundario a un hecho concreto; no se refiere a la alegría como una emoción más profunda o, al menos, vinculada a una conciencia o a una actitud ante la vida.

Buscando qué dicen algunos maestros, sí que voy viendo que hablan de la alegría en un sentido más profundo. Dicen que nace de la Paz Interior. Hablan de Amor, Corazón y del Dar como el camino hacia la alegría.

alegría

La alegría, como una emoción expansiva y que genera calor, que nace del contacto con los demás y lo facilita, se acompaña de una sensación de estar vivo, no eufórico, y dibuja una sonrisa en el rostro y en el corazón.

Parece, pues, que el trabajo con el Ego es muy necesario para acercarnos a ese estado. En el proceso terapéutico, habitualmente abordamos la conciencia del Ego y observamos cuál es su peso, su densidad y el grandioso lugar que ocupa, desgastando nuestra capacidad y energía vital. La alegría, como la sonrisa, que es su manifestación por excelencia, son experiencias «antigravitatorias»: elevamos los labios y las facciones del rostro, subimos los brazos, y las sensaciones corporales tienden a elevarnos, evocando movimiento, contacto y trascendencia.

Pienso que cuanta menos densidad y carga tenemos de nuestra «importancia personal», más cercanos nos sentimos y más iguales nos percibimos unos a otros. Nuestra confianza aumenta y nuestro miedo disminuye, naciendo en nuestro corazón una alegría genuina y espontánea que, más allá de nuestras células, transmitiremos también a nuestro entorno.

En los últimos tiempos he creado un lugar simbólico en la consulta con ese propósito: dignificar la alegría. La tengo presente como un lucero que me ayuda a orientar el rumbo. Siento que es necesario que nos abramos a la alegría de ser, de vivir, de compartir, y no deberíamos conformarnos con menos.

El filósofo francés André Compte-Sponville, en su libro La felicidad, desesperadamente, hace referencia a la actitud gestáltica de aquí y ahora como la clave para la aceptación de nuestra realidad. Él, que se ha declarado agnóstico, nos habla de las polaridades, de la necesidad de poder vivir el dolor y la tristeza como camino para la aceptación y acercarnos así a una posible felicidad.

Centrados en nuestro presente, disfrutando de todo lo que tenemos, de todo lo que somos y lo que sabemos, conscientes de lo que está en nuestras manos y de cuál es nuestro verdadero potencial, conocedores de nuestra propia realidad y naturaleza, encontraremos en nuestro corazón el estado de contentamiento que nos llenará de felicidad, dejando así de albergar falsas esperanzas, con las que ponemos el anhelo de satisfacción y de alegría fuera de nosotros y lejos de nuestro alcance.

En ocasiones es la tristeza la que puede abrirnos el corazón; y a veces, aun estando tristes podemos sentir en un plano más profundo la alegría de percibirnos conectados a nuestro mundo emocional, la alegría de sentirnos vivos. Incluso en una pérdida, en el fondo de un dolor, reside la gratitud de lo vivido. Necesitamos reconocernos en la vida y experimentar el agradecimiento en nuestro corazón para acercarnos al sentimiento de alegría.

Hay un dicho que dice: «Se ríe como un tonto», o «como un niño», y no queremos ni ser tontos, ni infantiles… Y he observado que la mayoría de lamas y el mismo Dalai Lama se ríen muchísimo, fácilmente, y a veces de cosas y comentarios muy simples. Me sorprende la facilidad que tienen para reírse. Y no creo que nadie se atreva a pensar que son tontos… Los sabios son los que más ríen. En fin, los humanos somos la única especie que tenemos la capacidad de reírnos, a diferencia de los animales. Aprovechemos ese potencial.

niño bebé

El bebé, al poco tiempo de nacer ya esboza sonrisas sin más, provocando alegría en los adultos. Es un reflejo muscular que se observa cuando el bebé está muy tranquilo, en paz y en contacto consigo mismo. Tenemos más de treinta músculos faciales para reírnos, seguramente poco utilizados para reírnos de verdad y no defensivamente. Solo la risa verdadera desencadena la cascada hormonal, segregando las sustancias del bienestar que contribuyen de manera muy favorable en nuestra salud. Por lo tanto, a nivel corporal, aparte de trabajar nuestros bloqueos y corazas, acordémonos de sonreír como un auténtico abordaje desde el cuerpo.

Yo a menudo, cuando necesito algo, o también trabajando con clientes, y no tengo registro de referencias, las busco en la naturaleza: todo está de alguna manera representado en ella y a mí me sirve como inspiración, integrando la experiencia tomando conciencia en el cuerpo.

El griterío de los pájaros a primera hora de la mañana, los cantos del amanecer resultan auténticos catalizadores para mí, me despiertan alegría.

En más de una ocasión he recomendado a clientes ir a un parque donde jueguen niños para despertar el sentido de juego, la espontaneidad, la alegría y el contacto. En este caso tomo al niño como parte de la naturaleza, para refrescar nuestras memorias emocionales y nuestra capacidad de sorprendernos y de reírnos. Si observamos realmente abiertos de corazón y atentos, algo nos pasa. Algún día fuimos alegres y vivos, no estuvimos solos. Deberíamos evitar la torpeza de aplastar la alegría natural de los niños.

alegría familia con globos

Goethe dice: «La Alegría y el Amor son las dos alas para las grandes empresas».

A. Jodorowsky sostiene: «Sabes que estás en el camino correcto cuando a cada paso sientes la alegría de vivir».

Thich Nhat Hanh afirma: «Si en el amor no hay alegría no se trata de verdadero amor».

Trabajemos pues en el Amor para no confundirnos y, aparte de algunas lágrimas, regalémonos sonrisas.